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Rabia o política

El resentimiento social suele ser confundido con la lucha por la justicia social. Algunos de los protagonistas centrales de la Ilustración asumían que la razón, en permanente confrontación con el oscurantismo, se convertiría en una constante del desarrollo civilizatorio de las sociedades. Destruir las tinieblas de la ignorancia es lo que contribuiría a los cambios sociales y al progreso humano. Y vaya que acertaron, pues esta continua lucha de las ideas, este persistente proceso de desarrollo del pensamiento y de la ciencia, esta lucha constante por la igualdad, justicia y fraternidad es lo que hizo posible el desarrollo y el progreso de las sociedades.

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Leamos y volvamos a leer la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano y ahí encontraremos una expresión inconfundible del triunfo de las ideas y la razón sobre las pasiones y la barbarie.

Sin embargo, algo está sucediendo en estos tiempos que hacen que, en lugar de las ideas, aparezca el rencor social como el elemento sustantivo en la lucha social y política.

Veamos este hecho reciente: ¿Cómo pudo ser posible que los colombianos que participaron en el referéndum sobre los acuerdos de paz votaran en su mayoría para que continúe la guerra entre el gobierno y las FARC?

¿Qué es lo que propicia que ciertos componentes sociales influyan de manera tan sorprendente para que una buena parte de las y los ciudadanos colombianos se opongan a la paz en su país? ¿Cómo explicarnos que una buena parte de las y los colombianos opten por la guerra?

Habrá quien quiera explicar lo sucedido en ese país a partir de reconocerle enorme eficacia al activismo de Uribe, el expresidente colombiano, y el de que éste se encuentre inmerso en una estrategia política que le hace privilegiar la destrucción política de Santos, el actual presidente, antes que lograr la paz para Colombia. Esto en parte es cierto y da cuenta de que la razón y la prudencia pueden ser aplastadas por los intereses particulares, las vanidades y las exaltaciones hacia el surgimiento de fenómenos cargados de rencor y venganza.

Hemos revisado el caso de Colombia, pero también podemos atender el Brexit, en el que la mayoría de los británicos decide en un arranque de inconformidad, que fue motivado por políticos irresponsables que alentaron enojo, furia, racismo y, sobre todo, miedo, y así decide excluirse de la Comunidad Europea. El otrora gran imperio que vivió centenas de años de expoliar sus múltiples colonias, hoy se alarma de que los habitantes de Libia, Siria, Irak, Turquía, Grecia y muchos otros países de África (todas sus antiguas colonias) migren por millones hacia las que fueron metrópolis coloniales. Los británicos culpan a la Unión Europea de sus males, cuando la causa de las migraciones son la guerra, la pobreza, el hambre, la desigualdad y la tiranía.

Con circunstancias específicas, pero el fenómeno Trump en EU también tiene que ver con un impulso al surgimiento de liderazgos mesiánicos y populistas que, en lugar de respuestas y soluciones, lo que alientan y promueven entre las sociedades es el resentimiento social: el odio y enconos; la venganza y miedo.

Venganza fue lo que prevaleció en los opositores a la paz en el caso de Colombia; miedo e incertidumbre, en el caso del Brexit; nacionalismo xenofóbico y racismo, en el caso de Trump.

En México se acrecientan, día con día, la desigualdad y la pobreza; hay injusticias que indignan. Los abusos de los gobernantes y la corrupción sobrepasan todo límite e irritan a la población.

Pero esto no se superará si se continúa confundiendo, por algunos importantes liderazgos políticos, el rencor social con la lucha social. Si se sustituyen las ideas del cambio por las pasiones para la venganza. Si se olvida la política para enarbolar la rabia.

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