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Necesitan ayuda y no ser discriminados.

Se dice que la Iglesia discrimina a los homosexuales, lo cual es falso, aclara la Arquidiócesis Primada de México, y recordó que en el catecismo de la Iglesia Católica se enseña que las relaciones homosexuales “no pueden recibir aprobación”, pero también enseña que los homosexuales “deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza y se evitará todo signo de discriminación injusta”.
Todo ser humano tiene desviaciones, por ejemplo hacia la ira, el rencor, la avaricia, la gula, la lujuria, etcétera, y lo que necesita es que se le ayude a corregirla, no que se le propicie caer en ella.
Así también, a quien tiene una desviación sexual, la Iglesia quiere ayudarle a controlarla, no a entregarse a ella, precisó.

GAYS
En un artículo publicado en el semanario católico “Desde la fe”, destaca que para los gay se espera de ellos lo mismo que pide a solteros, divorciados o viudos: que vivan en continencia, en castidad.
Y no lo pide para molestarlos, sino para beneficiarlos. No quiere que sean utilizados como simples objetos de placer, sino que se respete su inestimable dignidad de hijos del Padre Celestial.
San Pablo condena fuertemente la relación homosexual. A una comunidad le reprocha: “sus mujeres invirtieron las relaciones naturales por otras contra la naturaleza; igualmente los hombres… se abrasaron de deseos los unos por los otros, cometiendo la infamia de hombre con hombre”.
A otra le advierte: “¡no te engañes! Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales… heredarán el Reino de Dios”.
Los angloparlantes llaman a los heterosexuales “straight”, es decir, “rectos”, término aceptado por los propios homosexuales, y que implica que la homosexualidad es una desviación.
Si surgiera un movimiento de mentirosos, que a través de medios masivos convencieran al público de que mentir es bueno y normal, que no pueden evitarlo y que son víctimas de discriminación porque en los juicios y en los documentos oficiales se les obliga a decir la verdad, y el Estado cediera a la presión de influyentes políticos y empresarios mentirosos y legalizara su desviación hacia la mentira, la Iglesia no lo aprobaría. Se mantendría firme en pedir que dijeran la verdad, aunque no fuera la opción ‘políticamente correcta’ o popular. ¿Por qué? Porque Dios ordena: no mentirás”.
Muchos creyentes homosexuales que se casan terminan por alejarse de Dios. Como Adán y Eva, sabiéndose en pecado, se esconden de su Señor, ponen en riesgo su salvación.
Por eso la Iglesia, que mira con compasiva comprensión a todos los homosexuales, se preocupa por ellos y los exhorta a esforzarse por vivir en continencia y castidad, fortalecidos con la ayuda sacramental.

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