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Los motivos de Trump

En medio del escándalo y molestia social que se desató con motivo de la visita a nuestro país del inefable Donald Trump, conviene hacer un análisis de fondo y viendo hacia el futuro.

trump

En primer lugar, preguntarnos: ¿Cuáles son los motivos reales para que un personaje por quien nadie apostaba al inicio de la carrera presidencial, se le consideraba loco y poco serio, hoy en día sea un candidato fuerte y con opciones probables de ganar la contienda?

Creo que la respuesta es que ha sabido conectarse con un sector importante del electorado norteamericano, que piensa como él y se siente interpretado por su discurso desenfrenado.

Los motivos del repunte de Trump se debe a que en algunos estados de la Unión Americana —en pleno siglo XXI— existen amplios sectores de la población —nos guste o no, hay que decirlo— que siguen siendo una sociedad ignorante, intolerante, belicosa, de raza blanc, discriminadora, religiosa y presa del miedo a las diferencias y la apertura.

Este hombre está siguiendo ejemplos muy peligrosos, como el del encumbramiento de Hitler. Ha sabido interpretar los sentimientos de esos segmentos de su población y los está exaltando.

En el fondo de su campaña caracterizada por la intolerancia, la ignorancia, el racismo y la amenaza no sólo están los mexicanos; son ataques dirigidos por igual a musulmanes, centroamericanos e incluso a los propios afroamericanos. El discurso abierto y agresivo hacia los migrantes mexicanos lo eligió porque son oriundos de nuestro país, el mayor número de indocumentados trabajando al otro lado del río Bravo.

El candidato republicano ha venido a sembrar el odio y a remover el sedimento de una estructura conservadora y, sin duda, poderosa.

El próximo 8 de noviembre será el día en que se lleven a cabo las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Será determinante la distribución de los electores en los diferentes estados, debido al modelo de votación indirecta que tiene aquel país.

Al margen del desenlace final de esta historia y de las críticas que el gobierno ha recibido por su injerencia en las campañas electorales, conviene meditar cuál deberá ser el papel de la ciudadanía mexicana a partir del próximo 20 de enero, fecha en que tomará protesta el próximo presidente estadunidense —sea hombre o mujer— que gobernará a una sociedad con ánimos excitados en contra nuestra.

Requeriremos presentar una imagen de fortaleza y unión nacional hacia el exterior. Creo que no debemos seguir adelante con los ataques y la denostación institucional, que la historia demuestra que a los únicos que beneficia la división es a los enemigos externos.

No debemos olvidar que una de las grandes fortalezas de nuestro país ha sido el prestigio de nuestras instituciones y doctrina internacional. La institución presidencial encarna la representación de México en el extranjero.

¿Se debe ser crítico? Sí, de manera implacable.

Pero las críticas deben siempre procurar progreso y respeto a los grandes intereses nacionales. Debilitar a nuestras instituciones es debilitar a nuestro propio país.

Las relaciones entre México y Estados Unidos van a entrar a un proceso complejo. Ése debe ser nuestro centro de atención: hay que estar prevenidos y saber enfrentarlo.

Como Corolario, las palabras del escritor español Juan María Donoso Cortés: “Hay que unirse no para estar juntos, sino para hacer algo juntos”.

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