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Lo dieron por muerto y eso le salvó la vida

Su voz transmite tranquilidad, aunque no lo puedo ver, imagino la fisonomía del hombre que está del otro lado del teléfono.

“Buenos días ¿por aquí puedo contar mi historia?”

Sí.

“¿Tiene tiempo ahorita?”

Desde luego, señor, para eso estamos.

“Bueno, pues ahí le voy”.

Y fue de esa manera que Víctor Lara comenzó su relato.

“Fíjese (sic), mi cuñado tiene un taxi el cual trabaja de lunes a viernes y como yo ando un poco mal económicamente, me lo deja trabajar sábado y domingo, sin pedirme cuenta; eso sí, me lo encarga mucho y que no se lo deje sin gasolina.

“La verdad que me ayuda mucho, porque yo no tengo tarjetón, pero como los inspectores no trabajan los fines de semana, no hay problema, además de que soy muy precavido para manejar y cuido mucho el taxi porque de ahí comemos. En los dos días llego a juntar hasta mil 200 pesos, pegándole al acelerador desde la mañana hasta la noche.

“Me sobo el lomo dos días, me canso, pero ese dinero sirve para ‘la papa’ de lunes a miércoles, porque de jueves a viernes le ayudo a un amigo que tiene un ‘micro’, soy su ‘cacharpo’.

“Desde que mi cuñado me deja el coche el fin de semana, nuestra economía ha mejorado, ya son dos trabajitos y ahí la vamos llevando.

“Pero esa no es la historia, ahorita le voy a contar lo bueno, al menos para mí; fue una amarga experiencia que me tocó vivir por la maldita inseguridad en la ciudad.

muerto

“Fíjese (sic), iba por Robles Domínguez y una pareja me hizo la parada. Iban a Cuatepec, yo no desconfié porque no tenían cara de rateros, se veían normales y ahí voy y ellos platicando, sin invitarme a la charla; iban diciendo que la fiesta estaba aburrida y que no los habían atendido bien, en fin, cosas sin importancia.

“Cuando pasamos por el Acueducto, la mujer sacó una pistola y me dijo que ‘ya había valido madres’, que me diera la vuelta y en donde no hubiera gente me frenara para darles lo de la cuenta y las llaves, porque se iban a llevar el taxi.

“La verdad, nunca me habían puesto una pistola en la cabeza, se siente muy frío el cañón y yo comencé a temblar porque cómo le iba a decir a mi cuñado que me habían robado el coche y luego me iba a quedar sin dinero.

“Pero lo que más me asustó fue la idea de que me pudieran matar, porque la mujer empujaba la pistola en mi cabeza y me gritaba que no me fuera a hacer el valiente porque ‘me daba en la madre’.

“Entonces me sentí mareado, la vista se me nubló y ya no supe más. No supe cuánto tiempo estuve así, pero al abrir los ojos estaba una señora y un jovencito poniéndome alcohol en la nuca y en la nariz.

“En cuanto me recuperé, les platiqué lo que me había pasado y me dijeron que había corrido con suerte porque no me quitaron ni el dinero. Yo creo que se espantaron al pensar que me había muerto de un infarto. Ahora ya no llevo pasaje para esa zona. ¿Cómo ve?”.

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