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En San Mateo Atenco viven entre aguas negras y de promesas incumplidas

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Más de 45 domicilios y unos 20 establecimientos comerciales de la cabecera municipal de San Mateo Atenco amanecieron anegados, debido a la intensa lluvia que se registró la noche del lunes al oriente del Valle de Toluca.

Desde las primeras horas de este martes los vecinos tuvieron que trabajar con palas, trapeadores, escobas y jaladores para tratar de desalojar las aguas negras de los canales a cielo abierto que cruzan cerca de sus domicilios, los cuales se desbordaron por los escurrimientos que se registran de municipios vecinos como Toluca y Metepec.

La autoridad municipal se mantuvo ausente y las únicas instancias oficiales que apoyaron a los afectados fueron la Comisión del Agua del Estado de México (CAEM) y la Comisión Estatal de Seguridad Ciudadana (CESC), así como la Coordinación Estatal de Protección Civil.

Los afectados cuestionaron la actuación del presidente municipal de San Mateo Atenco, Julio César Serrano González, quien, dijeron, “en las tres veces que nos hemos inundados, en el inicio de esta temporada de lluvias, simplemente no ha venido ni a saludar”.

Los barrios La Concepción y San Pedro, en la cabecera municipal de San Mateo Atenco, fueron los más afectados por un tirante de agua superior a los 30 centímetros que penetró a domicilios y locales comerciales.

“El agua comenzó a entrar como a las 11:00 de la noche (del lunes) y ya cuando vimos ya estaban flotando todas nuestras cosas”, relató una vecina que se identificó como Rosa María, quien aseguró que los habitantes de San Mateo Atenco “viven entre aguas negras y comen de promesas de sus autoridades”.

“Ya luego vienen y nos engañan con unas botas de hule, pero unas botas de hule no son la solución para lo que estamos viviendo. Dicen que no hay dinero, que contra la naturaleza no se puede hacer nada, pero sí se puede, lo que pasa es que primero hay que dejar de robar como lo hacen y luego ya querer hacer algo”, dijo.

Dijo que las pérdidas por la penetración de las aguas negras a sus domicilios son muy difíciles de calcular, pues prácticamente todo lo que tienen en las plantas bajas de sus viviendas quedó inservible. “Se nos echaron a perder colchones, aparatos eléctricos, las camas, la ropa, los zapatos y hasta los juguetes de los niños”, concluyó.

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